Bilbao II
Almudena García Arroyo - 25-09-2005 22:39:22 | Categoria: Viajes
La última vez que hablé de mi viaje a Bilbao, me quedé en el segundo día de mi estancia allí. Llegué el día de Santiago. El día 25. El día 26 llegaron Amparo e Itziar. Y entonces empezó la gran juerga.Amparo e Itziar llegaron entre las doce menos cuarto y las doce y media del mediodía. Bueno. Estaba previsto que el autobús de Amparo llegara más o menos a esa hora, pero hubo un accidente en la autovía y se retrasó bastante.
Yo salí de la pensión a eso de las diez y media y me fui a desayunar a un bar de la Plaza Unamuno. Poco después quedé con Iratxe cerca del metro, para ir a buscar a Amparo e Itziar a Termibús, la estación de autobuses. Iratxe acudió a la cita, pero me dijo que no venía, que no podía porque le había surgido un imprevisto. Así que me fui yo hacia Termibús. Creo que estaba por San Mamés. En el metro, camino de la estación de autobuses, me hizo un pequeño lío. Estoy acostumbrada al metro de Barcelona. El metro de Bilbao es diferente. Así que una vez que me aclararon en que dirección tenía que coger el tren, me fui hacia Termibús. Al llegar allí, no me tocó esperar mucho el autobús de Itziar. Enseguida lo anunciaron y esperé a que bajara del coche. Hacía nueve años por lo menos que no la veía. La reconocí enseguida, cuando bajó del autobús. Estaba prácticamente como siempre. Muy guapa. Me hizo mucha ilusión verla. Nos saludamos, después de no sé cuantos años, y después de contarnos brevemente nuestras vidas, o al meno, la parte laboral, y la parte de nuestra ubicación geográfica actual, nos quedamos sentadas en un banco esperando el autobús de Amparo.
Al cabo de una hora llegó su autobús. Amparo se bajó del coche desproticando y haciéndome reir como siempre. Decía que había tardado más de Torrelavega a Bilbao, que de Tenerife a Torrelavega. Lo mismo me ocurrió a mí cuando fui de Barcelona a Bilbao. Tardo más de Calella a Barcelona, que de Barcelona a Bilbao. Así que enseguida empezó la juerga y el alboroto. Ya prácticamente dejamos de contarnos nuestras vidas y empezamos a reirnos por todo. Nos fuimos las tres hacia el metro, con las maletas que ellas llevaban, camino de la pensión. En la pensión apenas estuvimos cinco minutos. Lo justo para dejar los bultos. Y enseguida nos fuimos a la calle. Lo que no recuerdo es si nos reunimos con Iratxe en la pensión, o quedamos con ella en algún sitio. El caso es que enseuguida nos quedamos las cuatro por el Casco Viejo de Bilbao, comiendo pinchos, y bebiendo. Ah! Ahora lo recuerdo. Es lo que pasa por no escribir las cosas en el momento en el que suceden. Cuando salimos de la pensión, después de dejar las maletas, nos fuimos a la panadería de John Ander, Assier e Ismael. Eso es lo hicimos. La panadería que tienen en la calle Bailén. Allí estuvimos un buen rato. También riéndonos. Al cabo de un rato vino Iratxe, y nos fuimos a comer pinchos y tapas por el Casco Viejo. Así fue. Y después de estar por el casco, nos fuimos a la pensión y nos metimos en mi habitación y empezamos a hablar las cuatro, como si estuviéramos en la habitación de un internado. Nos lo pasamos de cine aquella tarde.
Después ya no recuerdo lo que vino. Sé que estuvimos en la pensión hasta las siete y media de la tarde. Después salimos a tomar algo por el Casco Viejo. Nos fuimos a un bar que está al lado del Jaunak, y allí nos comimos unos bocadillos. Más tarde nos fuimos a otros bares del Casco, y entre otros, estuvimos en el Katu. Encontré muy cambiado ese bar. Hace nueve años atrás estaba de otra manera. La verdad es que estaba irreconocible. Allí estuvimos un bueno rato. Creo que fue el último sitio en el que estuvimos. A eso de la una y media nos fuimos a dormir.
Al día siguiente ya era miércoles 27 de julio. Era mi tercer día en Bilbao, y el segundo de Amparo e Itziar. El día fue un poco más pesado de lo que había sido el día anterior. Por la mañana quedamos con Iratxe, pero entre que quedábamos y entre que íbamos de una tienda a otra por el casco, la verdad es que tardamos bastante en ponernso de acuerdo y en vernos con Iratxe. Amparo e Itziar quería ir de tiendas, y quizá fue la parte más aburrida de mi viaje a Bilbao. Prácticamente pasamos así la mañana, a excepción de un rato que estuvimos desayunando en una cafetería-pastelería del Casco. Todos mis horas en Bilbao transcurrieron en el Casco. Y como mucho, San Francisco, Bailén, El Arenal, El Arriaga y la plaza circular. No estuve ni en el Gugenheim, ni me di un paseo por la zona del Ayuntamiento en dirección a Deusto, ni hice absolutamente nada. La verdad es que como Bilbao lo conozco bastante bien, y como ya había estado en el Gugenheim unos años atrás, y como la prioridad era reunirme con mis amigos, por eso nuestros días de aquel viaje a Bilbao transcurrieron en el Casco.
Por la tarde, la tarde del miércoles, quiero decir, Amparo quedó con un amigo, e Itziar y yo nos fuimos a un bar de la Calle del Perro a comer bacalao al pin pin, o al pil pil, o al pill pill. No tengo ni idea de cómo se escribe. Nos pusimos las botas esa tarde. Y nos bebimos una botella de vino blanco. Como es lógico, nos entró un buen sopor. Después nos fuimos al Café Boulevard, y luego nos fuimos a la pensión, donde nos reunimos con Amparo. Allí estuvimos unas horas, ya prácticamente planificando la vuelta a nuestras respectivas ciudades. Amparo e Itziar estuvieron cerrando sus billetes y yo la verdad es que no tenía que tramitar nada. Yo era la que más tarde se iba de Bilbao. Ellas se fueron a Terminal Bus, a cerrar sus billetes, y yo me fui al Arriaga, donde había quedado con Julián y con Martín. A Julián ya lo había visto el primer día que llegué a Bilbao, pero a Martín hacía como seis años, quizá, que no lo veía. Me hizo mucha ilusión verlo. Supongo que se me removieron muchas cosas de golpe. Entre ellas, y como siempre que veo a Martín, un viaje que hicimos hace un montón de años a Guriezo, provincia de Cantabria, pero que está cerca de Bilbao. Fuimos con Patrik, Xosé, Julián, Paz y yo. Y fue un gran viaje. Lo pasamos muy bien. Siempre que veo a Martín me acuerdo de eso. Nos saludamos, y de las primeras cosas que le dije a Martín es que hacía nueve años que no nos veíamos, y me dijo: "no. Menos, menos. Unos seis años o así". La verdad es que nueve años hacía que me ´había ido de allí, pero todavía fui un par de veces al terminar la carrera y en una de estas vi a Martín. Nos fuimos andando en dirección al Jaunak, él y Julián se pidieron unos bocadillos. Yo me había puesta morada en la comida con Itziar y la verdad es que no tenía hambre. Estuvimos hablando de nuestras vidas. Más que nada a qué nos dedicábamos y todo ese tipo de cosas. Pero después ya pasamos a recordar viejos tiempos. Martín recordaba que yo le había grabado una cinta de Albert Pla, cuando íbamos a la universidad. Me dijo que siempre que se acordaba de mí, se acordaba de eso. Yo siempre que me acuerdo de él, me acuerdo de Guriezo. Él se acuerda de Albert Pla.
Me contó que tiene un proyecto, algo así como vídeo arte, o documentales. No lo recuerdo muy bien. Creo que es algo así como lo que hacía el director de "Smoke", documentales urbanos. Pero vuelvo a decir, que no estoy segura. Si es así, si finalmente lo va a llevar adelante junto con Julián y no sé quién más, me gustaría escaparme a Bilbao para verlo. Me gusta ver cómo mis amigos llevan adelantes sus proyectos. Y asi podría contarlo en esta bitácora.
Allí, en el Jaunak, quedamos con Amparo e Itziar. Martín e Itziar habían ido al viaje a Cuba en quinto de carrera. Creo que a Itziar la llamaban la campesina rusa, por los coloretes tan característicos que tienen. Martín también conoce a Amparo. La conoce de los años de carrera. Julián también la conoce de lo mismo. Estuvimos los cinco por el Casco. Fuimos a algún que otro sitio, y lo pasamos bien. Pero lo mejor de todo fue el último bar en el que estuvimos. En un bar pequeño de Barrincalle. Allí había un grupo de tíos cantando canciones típicas vascas, españolas, gallegas, incluso en un momento dado, cantaron una catalana. Coreaban todas las canciones habidas y por haber y que en esos momentos les venía a la memoria. Llevaban una especie de cuardernos con canciones. Fue muy divertido. Después de salir de ese bar, Martín y Julián se fueron, y nos despedimos de ellos. Amparo, Itziar y yo nos fuimos a la pensión. Yo me quedé a dormir en su habitación esa noche. Era la última y me hacía ilusión quedarme. No dormimos mucho. Estuvimos riéndonos para no variar. Lo que sí recuerdo, es que llegó un momento que caímos rendidas, y que al día siguiente me desperté convencida de que iba a devolver, por decirlo finamente. No había cenado y había bebido un montón de cervezas. Al mediodía había ido a comer con Itziar, y ahora por fin recuerdo cómo se llamaba el vino que nos bebimos. Era Txacolí. Nos pusimos moradas. Y después, con la mezcla, me moría al día siguiente.
Nos esperaba un largo día por delante. Hicimos las maletas, dejamos la pensión y nos fuimos a tomar nuestro último desayuno en Bilbao. Fuimos a una cafetería del Casco. Desayunamos bastante fuerte, y nos fuimos a Termibús a buscar a la madre de Itziar. Había quedado allí con ella para pasar el día en Bilbao. Quería estar con su hija, antes de que cogiera el tren para Fuertenventura de nuevo. Estuvimos con Asun toda la mañana. Comimos con ella. Después yo me fui con Amparo a Termibús para despedirme de ella, y fue la parte más dura de todos aquellos días en Bilbao. La alegría por vernos fue muy fuerte, pero la despedida también fue muy fuerte. Nos echamos a llorar. Supongo que sabíamos que tardaríamos en vernos, lo habíamos pasado muy bien, y nos entendíamos de maravilla. Demasiado bien para estar separadas. Así que una vez que su autocar se fue, me quedé un rato sentada en un banco, secándome las lágrimas, y justo en ese momento aparecieron Asun, la madre de Itziar, e Itziar. La siguiente en irse fue Itziar. La despedida con ella no fue tan dramática. Quizá porque Itziar se iba bastante contenta en cierto modo. Supongo que tenía ganas de volver a Fuerteventura. Cuando me despedí de ella, me fui andando en dirección a la plaza circular. Sentí una gran desolación. Había estado allí cuatro días. Hubo un tiempo en el que había un montón de personas que conocía en Bilbao. Pero todo en la vida cambia. Y había llegado el momento, en el que la ciudad, que casi sentí como mía unos años atrás, era prácticamente desconocida para mí. Reconocía las calles, las plazas, los bares, la manera de vestir, y hasta la raza bilbaina, por así decirlo, pero no pude evitar sentirme extraña. Muy extraña. Ya no estaban esos pisos de estudiantes de Bailén, ni San Francisco, ni de Zabalburu o de Uribarri. Ni siquiera estaba Iratxe, porque se había ido a una acampada a Tolosa, ni Txomin, que estaba de vacaciones en Castilla, ni David, que también estaba de vacaciones.
Sólo me quedaba una persona por ver. Miren. Con ella pasé la tarde del jueves en Bilbao, y me salvó el día. Porque mi avión salía de madrugada para Barcelona, y mi idea era irme por la tarde-noche al aeropuerto y pasar la tarde allí. Pero Miren buscó soluciones, bastante más preocupada que yo porque no durmiera en la calle o en el aeropuerto, tengo que decirlo, y encontró una solución. Le pidió las llaves a su hermana, que tiene un piso en el Casco Viejo y dormimos allí. Con Miren pasé unas horas bastante diferentes a las que había pasado todos esos días atrás. Con cada amigo, vives momentos distintos. Estuvimos hablando de lo importante que era tener vacaciones, estuvimos hablando sobre el lado espiritual de las personas y cómo utilizas esa fuerza y un poco sobre lo circular que es la vida. Que todo vuelve. Tambien estuvimos cenando, y empezó a llover. Muy flojo, pero llovió. Lo cual me encantó. Es una de las cosas que siempre me han gustado de Bilbao.
Después nos fuimos a dormir. La vista desde la casa de la hermana de Miren era muy bonita. No tardé mucho en quedarme frita. Al cabo de unas horas, me levanté, y me fui. Miren se levantó medio somñolienta para indicarme dónde estaba la puerta, y para abrirla. Nos despedimos medio dormidas y me fui en busca de un taxi. El taxi me llevó a Termibús, y allí esperé casi una hora el autobús que va al aeropuerto. Camino del aeropuerto, dejaba atrás Bilbao, dormido, tranquilo. Una vez en el aeropuerto hubo un poco de confusión con las puertas de embarque y me tocó correr por el aeropuerto. Finalmente embarqué. Lo que recuerdo del trayecto de Bilbao a Barcelona es que me moría de frío. El aire acondicionado estaba altísimo y no me pude dormir del frío que tenía. Al bajarme del avión, fui andando con un chico de Bilbao hacia la salida, y recuerdo que me dijo: "¿no hacía frío en el avión o qué?". A lo que yo contesté: "Joder, sí. Un frío que te mueres". Con eso concluía mi viaje a Bilbao. Con esa frase dicha por ese chico, con acento de Bilbao, que me recordaba a los bilbainos y sus expresiones. Algo que no me era desconocido para nada. Me había sentido extraña y una desconocida en Bilbao, pero a la vuelta, sentí, que Bilbao seguía siendo el mismo para mí.
Fin
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