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El vent està bufant fort

U2

Por fin llegó este artículo. Hace tiempo que estuve en el concierto de la que para mí es la mejor banda de rock del mundo. Supongo que esto es un gran atrevimiento por mi parte, pero es así como yo lo siento.
El pasado 7 de agosto de este año, más de 85.000 personas nos volvimos locas en el Nou Camp de Barcelona con el sonido de la banda irlandesa.
Hacía pocos días atrás había estado en Bilbao, y una amiga mía, que los ha visto cinco veces en concierto, me dijo que en Irlanda no son muy apreciados. Que los irlandeses no se cortan en decir las cosas, y que alguna vez que U2 ha tocado en algún local, les han dicho que qué mal tocaban. Me chocó bastante aquello que me contó Miren. Pero yo sabía, que el concierto que me esperaba en Barcelona dentro de una semana, iba a ser uno de los mejores de mi vida. Y así fue. No es que fuera uno de los mejores. Es que hasta la fecha ha sido el mejor.
Aquel 7 de agosto me tocó trabajar, y fue la primera vez que salí pronto. Probablemente porque tenía una gran motivación. A mi jefe también le tocó trabajar ese día. Y cuando salimos del curro, me llevó hasta Sant Just Desvern, donde me reuní con mis grandes amigos de infancia David y Pili. He crecido con ellos. Durante años hemos estado en ciudades distintas, pero a parte de otras cosas en común, también nos une nuestra pasión por U2. El más forofo de todos, sin lugar a dudas, es David. Pero cada uno de nosotros lo vive de una manera diferente. En casa de David estuvimos bebiendo cerveza, y cava, para celebrar el gran acontecimiento que nos esperaba dentro de unas horas en el Camp Nou. David nos estuvo poniendo Dvd's de U2, de diferentes conciertos. Se nos ponían los pelos de punta. Hubo uno que nos puso, en el que Bono se ponía la bandera de Irlanda. Pili, David y yo nos miramos porque se nos acababa de erizar la piel de los brazos. La emoción invadía nuestro cuerpo. Pero era una emoción contenida, en cierto modo, porque lo mejor estaba por vivir. Y lo vivimos.
Seguimos en su casa un rato más, y luego nos fuimos camino del estadio. Durante todo el camino íbamos en el coche de Marc escuchando música de U2, y íbamos sacando las cabezas por la ventanilla, gritando de la emoción, y queriendo hacer cómplices de nuestra alegría a todas las personas que veíamos. Una vez en la zona del estadio, la cola que vimos era interminable. Los pelos otra vez de punta. Algo inimaginable. Un uno por ciento de Barcelona estaba allí.
Pili y yo nos fuimos a las taquillas a buscar mi entrada. Pili la había comprado hacía tiempo por teléfono, pero aún no la teníamos. Estuvimos como una hora hasta que llegamos a la ventanilla. Después nos fuimos a un trozo de césped que había por la zona del estadio, donde nos reunimos con David, Cristina y Marc, y nos quedamos sentados haciendo un poco de tiempo antes del concierto. Escuchábamos el sonido de los teloneros. Todavía nos quedaba una entrada libre. A última hora, David y Cristina consiguieron dársela a la hermana de Cristina. Mientras David y Cristina iban a buscar a su hermana; Pili, Marc y yo nos fuimos al estadio. Marc quería ver a los teloneros. La verdad es que la locura por ver a U2 era total. Pero los teloneros también sonaban bastante bien.
Entramos en el estadio, y nos quedamos al final del campo. Aquello estaba a reventar. Las gradas llenas de gente. Miraras donde miraras, no encontrabas huecos. Tan solo un par de zonas de las gradas estaban libres. La panorámica era digna de retrato para la historia. Fotos de aquel campo, de aquellas gradas, con más de 85.000 personas de Barcelona y de fuera de Barcelona, que estaban allí esperando enloquecer de pasión con la banda de sus sueños. Eran las ocho y media. El concierto empezaba a las diez. Keene, los teloneros, tocaban canciones que Marc y Pili conocían. Estaban bastante bien. A eso de las nueve y media dejaron de tocar. Aparecieron David, Cristina y su hermana. A eso de las diez menos cuarto las personas de las gradas comenzaban a impacientarse, a patalear, a hacer la ola. Desde el campo, donde nosotros nos encontrábamos, podíamos sentir todo aquel alboroto y toda aquella impaciencia que nos empezaron a transmitir al resto de los que allí estábamos. Una ola imparable de izquierda a derecha y de derecha a izquierda y un "Oé, oé, oé, oé, oéeeeeeeeeeeeee, oéeeeeeeeeeee", repetido una y otra vez, fueron los previos al concierto de U2. Y de repente, cuando menos lo esperabas, se apagaron las luces. El escenario estaba a oscuras. Escuchamos un "Hello, Hello", que sabíamos que lo decía Bono. Era un saludo a la multitud, y un previo de "Vértigo". El escenario seguía a oscuras, y tardó bastante en empezar a cantar. Al menos, a mí, que me moría porque empezara el concierto, se me hizo interminable. Al poco rato empezó: "un, dos, tres...", y le pasó el turno al público que gritó de júbilo: "¡catorce!". Las luces del escenario se encendieron, y lo que vino después fue indescriptible, porque se mezclaban los saltos, con los gritos, con los abrazos, con la emoción que salía a borbotones, y después a chorros por nuestra piel, y de la lluvia de pasión que corría por nuestras venas. Una lluvia de pasión que se extendía por las venas de las 85.000 personas que estábamos allí. 85.000 se dice pronto, pero Barcelona nunca olvidará ese concierto. Supongo que a lo largo de la historia de Barcelona, en lo que a conciertos se refiere, los ha habido inolvidables, y únicos, pero yo supe desde ese momento que ese concierto pasaría a la historia.
Y seguimos brincando sin parar. Creo que la mezcla de sensaciones que todos estábamos experimentando en esos momentos se parece a algo así como el amor y la pasión juntas. Como cuando tienes tu primera cita con la persona que te gusta y sabes que eres correspondido sentimentalmente por ella. Algo así, pero siendo adolescente. Siendo tu primer amor. Creo que era algo así, pero más a lo bestia. Todos sabíamos que el día 7 de agosto íbamos a estar en el Camp Nou viendo a U2 en concierto. Pero una cosa es saberlo, y otra vivirla. De repente estábamos saltando como locos, al ritmo de la música de U2. El sueño se estaba haciendo realidad y no nos lo podíamos creer. Eso era lo que a mí, por lo menos, me estaba pasando en esos momentos. Sencillamente, no me lo podía creer. Había crecido con esa música. Desde los quince años los había escuchado en discotecas, y había bailado veinte veces sus canciones. Ahora estaba en el Camp Nou, con David y Pili, viéndolos en concierto.
A medida que fue abanzando el primer tema que tocaron, la emoción fue aminorando, y pensé que me pasaría lo que me había sucedido en los conciertos de Bruce Springsteen. Pensé que esa emoción tan abismal sólo la sentiría una vez en todo el concierto y que luego me tranquilizaría. Pero aquello fue a más. Fue algo que se elevaba y aminoraba. Fue una emoción y una locura vivida hasta al final. Tocaron temas de otros discos suyos. Temas de sus inicios, del medio y de lo último que habían compuesto. Todo ello con alguna que otra sorpresa en el concierto. Especialmente cuando tocaron una canción que habla sobre los derechos humanos y en la pantalla podíamos leer trozos de texto que corrían de abajo arriba y que mencionaba artículos de la constitución que hablaban sobre los derechos humanos. En aquel momento el público irrumpió en un enforvecedor aplauso. Un aplauso que tardó en dejar de sentirse.
Otra sorpresa del concierto fue una canción que cantó como un tenor, como un barítono. Una canción que habla del amor. Una canción en italiano. A los allí presentes se nos hacían los ojos chirivitas. Y hubo más sorpresas. Antes de esa canción sobre los derechos humanos y de esos artículos de la constitución, en las pantallas se podían ver imágenes de guerras, y conflictos armados.
También nos propuso que enviáramos un mensaje contra la pobreza en África.
Nos hizo sentir parte del universo. Nos hizo sentir humanos. Nos hizo sentir jóvenes. Nos hizo sentir adolescentes. Y dejó que nosotros mismos experimentáramos la sensación de volver a nacer en nosotros mismos. Algo muy bestia y muy bonito. Gloria, Suday Blody Sunday, un montón de temas, uno detrás de otro que nos llevaban al fondo de nosotros mismos.
Casi para concluir, tocaron el "With or withou are you". Fue una canción muy esperada, prácticamente cantada por el público, a excepción de cuando llegábamos al tramo final de la canción, porque entonces, fue algo cantado al unísono, donde la voz de Bono se sentía como algo muy hondo, y la nuestra como un alarido, pero ambas se fusionaban y se compenetraban. Y posterior a esa canción, volvió "Vértigo", y volvió la locura. Y entonces se retiraron del escenario. Momento en el que pregunté que qué hora era. Pensé que era el descanso o algo así. Y entonces habían pasado dos horas. El concierto había llegado a su fin. Tras las típica insistencia por parte del público, como suele ser habitual en todos los conciertos, volvieron a salir al escenario, y nos volvieron a llenar con su música durante media hora más. Quizá fue la parte más intensa del concierto. Estábamos agotados, pero quizá brincamos más que en ningún otro momento, precisamente porque sabíamos que eran nuestros últimos momentos de gloria junto a ellos.


Fin

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