Al Papa se le va la bola
Almudena García Arroyo - 03-06-2006 18:06:13 | Categoria: Artículos de opinión
He leído hoy en La Vanguardia el siguiente titular: "El silencio de Dios atormenta al Papa". La información hablaba del holocausto. Por lo visto el Papa se pregunta por qué Dios consintió los crímenes del holocausto. Se le ha ido la olla a este hombre. Si este señor se ha leído La Biblia, que me imagino que sí, a Dios no le gusta nada que le juzguen. Y se supone que el Papa es el máximo representante de Dios en la tierra. Considero que su comentario está fuera de lugar. Está responsabilizando a lo divino, y protegiendo lo humano; como ya viene siendo habitual a lo largo de la historia de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Es prefiere tirar balones fuera en lo que a lo humano se refiere. Algo así decía la crítica ante el comentario del Papa sobre los crímenes del holocausto. La crítica en concreto decía que por qué no le atormenta al Papa el silencio de la Iglesia. Y eso sí que lo puede juzgar. Se puede remitir a los hechos. Que le pregunte a sus amigos del Vaticano por qué se han callado durante siglos por crímenes consentidos por la Iglesia. Eso sí que lo puede hacer. Y cuando el señor Papa se muere, entonces sí que le podrá preguntar a Dios por el holocausto y todo lo que desee su señoría. O puede que no. Porque tengo entendido que debe ser Dios quién hace las preguntas por las pequeñas meteduras de pata acontecidas aquí abajo. En mi opinión el señor Papa debería dimitir. Y hablando de dimitir, y aunque no está relacionado con este tema; otra que debería presentar su dimisión es la ministra de cultura, Carmen Calvo. Que antes de que Rocío Jurado entrara en coma, se adelantó ella y dijo que a Rocío le había dado un infarto cerebral. Antes de que le diera. Sí. Y lo peor del caso es que lo debió contar a modo de cotilleo. Como las vecinas de puerta con puerta. La ministra de cultura comportándose como las gallinas de corral. Pues a la calle. Gana una pasta, y no se puede permitir ni ella, ni ninguna autoridad pública, sea Papa o ministra, semejantes patinazos. Así que fuera. Nunca se debería jugar con la intimidad, con la dignidad y con los sentimientos de las personas. Y menos, cuando este juego procede de autoridades públicas.
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