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El vent està bufant fort

Desde Arequipa (Perú)

Estoy en Arequipa. Llegué el mièrcoles 12 por la noche. Me hospedé en casa de una familia peruana. Al día siguiente visité la ciudad. Es la segunda más grande después de Lima. Estuve en el Monasterio y Convento de Santa Catalina, en la Universidad Católica de Santa María, en el Convento de San Francisco, en la Iglesia de La Compañía y después me fui a un barrio donde pude ver varios volcanes desde un mirador, entre ellos, el Misti. También estuve dando un paseo por la calle de San Francisco y un chico de unos 21 años se puso a hablar conmigo y me acompañó durante toda la tarde. Me llevó a la Universidad de San Pablo para presentarme a sus amigos y estuvimos bebiendo cerveza arequipeña. Después nos despedimos y yo me fui a dormir. Al día siguiente, día 14, me fui a Cabanaconde. Está en la Región del Valle del Colca. Hay un tremendo cañón. Dicen que es el segundo más grande del mundo. El primero es el Cotahuasi, que también está en Perú. Las guías dicen que es el segundo más grande del mundo. Pero algunos guías de Arequipa dicen que es el primero.
El cañón es una especie de desierto, valle y montaña llena de rocas. Es un cañón en toda regla. Yo cogí el autobús de las 06:30 de la mañana que sale desde Arequipa hacia Cabanaconde. En el autobús conocí a un guía que se llama Néstor. Él llevaba un grupo de españoles y de otras nacionalidades a visitar el cañón y a hacer las rutas que allí se pueden realizar. Mi idea era dormir en Cabanaconde y dormir en un oasis que está dentro del cañón. Pero él me explicó una ruta que podía hacer, que era la misma que hacían ellos y finalmente la hice. El jueves caminé hasta San Juan de Chuccho. Era bajada todo el tiempo. Una bajada muy pesada con muchas piedras en el camino y arena. Fueron cuatro horas de bajada y alguna subida, pero casi todo el tiempo bajada. Al llegar a San Juan crucé un puente de esos que salen en las películas del oeste. De esos que se mueven cuando caminas y que suenan. Fascinante, la verdad. Después de cruzar el puente, las personas que viven en ese pueblo situado dentro del canón nos recogían a los turistas. Nos esperaban allí para alojarnos. Yo me hospedé en la posada de Gloria. Dormí en una cabaña dentro del valle. Desde mi ventana veía las rocas del cañón. Había una vela en mi habitación. Fue como una película para mi.
Al día siguiente Gloria nos preparó un rico desayuno. Allí hablé un poco con unos belgas que llevaba otro guía. Un guía llamado Roy. En la posada conocí a Jeane, de Escocia. Es periodista también. Salimos de la posada hacia las ocho y media de la mañana e iniciamos la ruta hacia el oasis de Sangalle. Pasamos por Conigua y por Malata. En Malata visitamos un museo. Es un hogar de una familia que han habilitado como interés turístico dentro del valle. Hay un bar y un museo que ocupa una sola habitación. La hija del señor de la casa nos preparó una rica chicha. La chicha es la bebida más característica del Perú y de la cultura Inca. La veían los Incas. Hay varios tipos de chica. Se hace con maíz. Hay diversos tipos de maíz. De color morado, negro, amarillo, blanco, y otros colores. El señor de la casa nos hizo la ruta por el museo. Nos explicó como se llamaban los materiales tanto de labranza, como los utensilios de cocina, como los nombres de los animales, como los alimentos, como los materiales con los que se defendían los Incas cuando vinieron los españoles. Nos contó que con la grasa de la alpaca elaboraban las velas y con una arenilla de color negro volcánica y las piedras de la montaña hacían la chispa del fuego. Esas y otras cosas nos contó el señor del hogar y del museo de Malata.
Posteriormente proseguimos nuestra ruta y llegamos al oasis. Descendimos todo el tiempo. Cruzamos otro puente de esos de película. Esta vez estaba mucho más lejos el río y era mucho más profundo. En el oasis había varias piscinas naturales. Yo no sabía si pasar la noche allí o iniciar la subida y dormir en Cabanaconde. Finalmente opté por lo segundo. La subida estaba calculada en cuatro horas. A mi me llevó seis y se me echó la noche encima. Yo iba con Jeane. Pero ella andaba mucho más deprisa que yo. Era todo el tiempo subida. Durante el trayecto nos encontramos con un hombre y yo hice el resto de la ruta con él. Nos alcanzó la noche y caminamos durante dos horas por el valle con la ayuda de la luz de la luna. El señor era una buena persona. Se llama Telmo. Al principio intenté perderlo de vista y le dije que no me podía fiar de él ni de nadie porque viajo sola. Él me dijo que lo entendía, pero que no me iba a hacer nada. Y al cabo de unas horas caminando con él la verdad es que acabé confiando.
Llegamos a Cabanaconde a las ocho y media de la noche. Destrozados. Al día siguiente, hoy, he cogido el autobús de las ocho de la mañana que va hacia la Cruz del Cóndor. He visto cóndores sobrevolando el Cañón del Colca. Precioso. He visto varios. Era difícil captarlos con la cámara, pero he hecho lo que he podido. El cóndor pasa. Ayer también vi uno cuando caminaba. Jeane se encontraba mucho más arriba pero me gritó y me dijo: "¿Has visto el cóndor?". Y yo: "sí". "Bieeeeeennnn!!!!!", contestó ella.
Después de ver los cóndores he subido en otro autobús y allí me he encontrado con Jeane. Nos hemos alegrado de vernos. Le he dado la gorra que me prestó en la montaña. Me dijo, que cuando llegó a la cima, estuvo un rato esperando a ver si llegaba. Finalmente se cansó de esperar y se fue. Estaba preocupada. Yo sabía que se había quedado preocupada. También me dijo que cuando encontramos al señor, a Telmo, ella escuchaba la conversación que teníamos y que le pareció que era buena persona y que me podía dejar con él.
En Chivay nos hemos bajado a comer y nos hemos encontrado con otros grupos y guías que conocimos el viernes. Todos los guías me preguntaban: "¿Cómo fue?" "¿a qué hora llegaste?". "Se me echó la noche encima", contestaba yo. "Pero estás aquí", me dijo el guía Andrés.
Hemos llegado a Arequipa a las cuatro de la tarde. Por el camino he visto alpacas, llamas y vicuñas. Son camélidos de la zona. Mañana me voy a Puno, donde está el Lago Titicaca. Cruzaré a Bolivia en dos días. El próximo relato será después de haber visto Bolivia. Hasta pronto.

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