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El vent està bufant fort

El día antes de llegar a Machu Pichu

Hace veintiún días que volví de Perú. Todavía no he hablado sobre cómo fue la experiencia de llegar a Machu Pichu. Lo hice al cabo de una semana de llegar a España, pero se me borró todo. Lo haré ahora.
El día 29 de Septiembre llegamos a la ciudad de Aguas Calientes, capital del departamento de Machu Pichu tras cuatro días de Camino Inca Salkantay. Gilbert, nuestro guía, nos hospedó por grupos en dos hoteles. Heike, Michael, Pedro, Rebeca y él, nuestro guía, se alojaban en un hotel y Jonathan, Miquel, Nicola, Johny y yo estábamos en otro.
Tras acomodarnos en los hoteles, ducharnos y hacer las cosas típicas que hace un turista cuando tiene tiempo libre; como comprar medicinas, ropa que necesitas, conectarte a Internet o escribir en tu blog; nos reunimos todo el grupo a las siete y media de la noche en un restaurante al lado de las vías del tren. Hicimos una cena de despedida. Durante la cena estuvimos hablando sobre la subida a Machu Pichu. La mitad del grupo quería subir en autobús y la otra mitad quería subir andando. Yo estuve hablando con un chico de Francia amigo de Jonathan y Miquel. Él y otra chica se incorporaron ese día al grupo para ir a Machu Pichu. El chico de Francia me decía que a Machu Pichu hay que llegar antes de las siete de la mañana. Antes de que entre el sol en la Ciudadela. Me decía que caminaríamos de noche y que teníamos que llevar linterna. Al cabo de un rato se preparó un pequeño debate sobre cómo quería llegar cada uno de nosotros a Machu Pichu. Los que habíamos optado por ir andando defendíamos que para nosotros
era importante llegar a Machu Pichu andando. Que hacerlo de otra manera era como entrar en un museo. Los que defendían que preferían subir en autobús decían que estaban muy cansados y que para ellos ya había sido importante llegar andando a Salkantay. Después de este pequeño debate yo continué hablando con el amigo de Jonathan. Me decía que "Machu Pichu te lo tienes que ganar". Y yo le decía: "sí. Hay que sufrirlo para que realmente sientas toda esa belleza". Entre conversación y conversación yo le hice varias preguntas sobre si sabía cómo era la escalera Inca. Me la imaginaba toda recta. Me imaginaba los 1.100 escalones rectos. Entonces le dije que no sé si sería capaz de subir por una escalera así, que me entraría vértigo y que sería peligroso. Me dijo que la escalera no es así. Que va en zig zag y que va como por un bosque, por lo tanto, no hay sensación de vértigo. Me dijo que WaynaPichu también va en zig zag pero que ahí sí que hay sensación de precipicio.
Tras aclarar con él como sería todo, me quedé callada y pensativa. Heike se acercó a mi y me dijo: "Estás bien". Y yo le respondí: "Estoy un poco preocupada por la subida de mañana". "Lo sé", me contestó ella. "But I'll be thinking in you". "Pero estaré pensando en ti", me contestó. Esa frase me acompañó durante todo mi subida del día siguiente a Machu Pichu. Me dió mucha fuerza.

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